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domingo, 12 de julio de 2015

XXXV- Autodestrucción

Me desmorono como un montón de hojas en el otoño, me derrito como la nieve en la primavera y me destruyo como me has enseñado a hacer.

Paso la cuchilla oxidada una vez mas sobre mi piel, acartonada de tantas cicatrices, roja de tanto dolor. Me autodestruyo una vez más como he aprendido a hacer y las voces revolotean por mi cabeza como mariposas muertas, descendiendo en un pozo eterno, ahogándome, gota a gota, grito a grito, me ahogo en mi propia sangre y ya no me interesa nadar.

Me marchito con cada noche en vela y sonrío al sentir la muerte bajo mi cama, temiéndome, la muerte me teme, me siente cerca. Y eso le provoca pavor.

Se me eriza la piel en la oscuridad al oír su nombre y noto mis pupilas dilatarse, tragándome en su baile de tinieblas engañosas como la bruma que se cuela entre los recovecos de mi mente, rota como mis esquemas cada vez que te oigo reír. Escucho el sonido del trueno y ruego por sentir eses ritmo una vez mas dentro de mi, el alcohol corriendo por mi sangre y la sangre corriendo por mi piel como un río de lava en una pista cósmica, quemándome poco a poco.

Las ojeras se dibujan bajo mis ojos y se inundan como lagos malditos, ahogando cementerios olvidados y desterrando de la vida a nuevos vivos que viven sin vivir, sintiendo el ritmo monótono de sus pisadas pero sin sentir el eco de la lluvia a sus pies. "Todos a mis pies y ninguno a mi altura" digo mientras dibujo su insulto sobre mi piel, "lo importante es el interior" digo mientras le doy mi comida al perro y tiro la bascula por la ventana.

No soy suicida, solo soy un genio de la autodestrucción.

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